Telecomunicaciones en Jericó

Resumen

Este ensayo, escrito tres años antes de la promulgación de la Ley de Telecomunicaciones de 1996 (“Telecommunications Act of 1996”), es un recordatorio de lo poco que se ha logrado en la desregulación de las telecomunicaciones. En 1993, predije erróneamente que la regulación de las telecomunicaciones estadounidense estaba a punto de colapsar como las murallas de Jericó. Las industrias que estamos acostumbrados a llamar de telefonía, radiodifusión, televisión por cable y comunicaciones móviles han adquirido y por el momento conservan sus distintas identidades principalmente porque las barreras regulatorias han segmentado el mercado y limitado la capacidad de las empresas para expandirse más allá del territorio designado de su industria. Esta segmentación regulatoria no puede perdurar. Se ha convertido en un cliché decir que diferentes tecnologías están convergiendo en el sentido de que nos permiten transmitir un mensaje en particular, sea una voz o un flujo de datos o una imagen de vídeo, por cualquiera de los varios medios diferentes.

Cualesquiera que sean los propósitos originales de la regulación federal de telecomunicaciones en 1934, 1927 y versiones anteriores, debemos hacer ahora algunas preguntas de investigación: ¿La regulación federal de las telecomunicaciones impide la competencia; de hecho, se ha convertido en su función principal (o acaso implícita )? ¿La regulación perjudica el acceso de los consumidores estadounidenses a las nuevas tecnologías de las comunicaciones? ¿Ella inhibe la difusión de ideas e información a través de los medios electrónicos? ¿El actual régimen de concesión de licencias para espectro electromagnético deja de asignar eso recurso a sus usos más productivos? ¿Si la regulación de las telecomunicaciones está produciendo cualquiera de esos efectos deletéreos, cuáles son los costos y lo que se puede y se debe hacer? Estas preguntas tienen tan grandes implicaciones para el desempeño económico y el bienestar social estadounidense que su alcance se mide habitualmente en decenas de miles de millones de dólares.

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